8.8.06

Experimentos con el tiempo
Siempre tuve cierta obsesión con el tiempo. Sobre todo por la forma como nos cambia, nos desgasta, nos convierte en otros. Hace unos años hice una prueba para analizar cómo el tiempo me había modificado. Cuando tenía 16, yo había leído “Las palabras”, de Sartre, en una vieja edición de Losada que había sacado de la biblioteca del colegio. El libro me shockeó tanto que decidí robármelo. (No había nada más fácil: bastaba con devolverlo para que la bibliotecaria registrara la devolución y -a veces el mismo día- volver a sacarlo de su estante para llevárselo oculto dentro de la campera).
Enseguida lo leí por segunda vez, con un lápiz en la mano y subrayando las frases que más me impactaban. Diez años más tarde compré otro ejemplar del libro (también de Losada, en una colección pocket) y volví a leerlo subrayando las frases que me impresionaban. Luego enfrenté ambos ejemplares para comparar si había subrayado las mismas palabras, si me había detenido en idénticos pasajes y si me habían asombrado las mismas frases.
Con curiosidad fui repasando las hojas. El tipo de 26 años buscaba en esas páginas al pibe de 16 que se asomaba con fervor a la literatura y leía con entusiasmo febril a Tolstoi, a Borges, a Chejov y a Dostoievsky. Descubrí que en la segunda lectura había subrayado mucho menos, me había detenido más en las ideas y menos en los párrafos de escritura brillante, más en las observaciones lúcidas y menos en las paradojas. Traté de evocar al adolescente contradictorio, apasionado, discutidor y maleducado que fui. Rescaté de ese viaje en el tiempo las zapatillas Topper, las remeras Hering, el magnífico “Flashpoint” de los Rolling Stones, la película “Imagine”, los ejemplares de Página 12, los ojos verdes de Roxana, las tardes tirado al sol leyendo a Platón, la lucha contra el acné, las mañanas heladas en el patio del colegio, las guerras de tizas y las explicaciones que sirvieran para negar todo y zafar de las amonestaciones.
Diez años más tarde, me encontraba a mí mismo menos habituado a contestar mal, acostumbrado a reemplazar la ideología con el pragmatismo, cambiando a Platón por Foucault, combinando a los Stones con la Velvet Underground y con Beethoven, escribiendo en La Nación pero aún leyendo Página, conservando el recuerdo de Roxana aunque había corrido mucha agua bajo ese puente, y ya sin participar en guerras de tizas pero manteniendo el hábito de subvertir el orden cada vez que fuera posible.

13 Comments:

Blogger Fernando Guzmán said...

Me pasó de leer dos veces "Sobre héroes y tumbas" de Sábato y no comprender qué me había fascinado tanto la primera vez como para animarme una segunda.
Tal vez un par de años de terapia en el medio surtieron efecto.
En esos pequeños desencuentros con uno mismo sentimos el peso del tiempo. Muy de acuerdo con vos.

1:30 a. m.  
Blogger Ka-tica said...

Paso una vez mas por aqui, y me decidí a comentarte algo...
Buenoo tienes razon, los años y el tiempo nos cambian. Aunq considero que hay bases fundamentales dentro nuestro q nunca cambiarán!
Cambian perspectivas, visiones, puntos de vista, porque sencillamente nuestras situaciones han cambiado, jamas vamos a seguir viendo las cosas como a los 16... pero siento que hay algunas cositas q nunca cambiarán.
Que opinas?

11:17 a. m.  
Blogger Mantis said...

A mí me reconforta saber que los libros que leí a los 10 no fueron los que leía a los 16, pero son muy parecidos a los que leo ahora.

Porque ya estoy en edad de empezar a leer autoayuda, aparentemente. Y antes me ahorco con el cable del mouse, mirá lo que te digo.

11:23 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Fernando: Es terrible ver las cosas que uno leía. A esa novela la leí de chico con veneración, y ahora no vuelvo a leerla ni que me paguen. Antes que eso, leo la biografía no autorizada de Piñón Fijo.
K-ti-K: Si, la idea es que el tiempo nos haya enriquecido la visión pero sin cambiarnos dos o tres cosas esenciales. Gracias por pasar.
Mantis: Mientras no descubras a Coelho a esta edad, todavía tenés salvación. By the way, ¿leíste "La conjura de los necios", de Kennedy Toole? Te juro que te imagino como Ignatius.

11:39 a. m.  
Blogger atandocabos said...

mi obsesión siempre fue con el espacio. Los espacios


estos


yaquellosotrosqueavecesestanlindoamontonarse. Los que me dejan otros, los que entreveo en el colectivo.
Los que no hay en una charla. Los que son muy extensos en las estaciones de tren. Los de Retiro los miércoles a la noche. Los cada vez más chicos en los aviones. Los que hay en el ripio de la ruta Nac. 40.
Sin despegar el tiempo, claro. Ese espacio en ese instante en el subte en Londres no tiene precio.

(nada de mastercard eh)

12:47 p. m.  
Blogger Mantis said...

En este momento estoy ayudando a mi novia (AKA la profe) con la selección de textos y leo tan solo literatura infantil. Ya estoy medio empachado, pero sigo descubriendo joyitas.

Le juro por la Virgen de Caacupé que me voy a auto-regalar para mi cumpleaños (Octubre) esas letras que usted menciona, a fin de ver quien soy, ya que anteriormente alguien me hizo un comentario al respecto del tal Ignatius...

1:03 p. m.  
Blogger Naty said...

Dani, es así no más me pasa con frecuencia con las películas, me detengo en otros lugares 10 años depsués.
pero déjeme decirle dos cosas: para ser un subversivo es Ud demasiado ordenado (o es que la subversión va por dentro?). Dos: escribí un post casi en tu honor y no fuiste capaz de comentar aunque más no fuera, que la química no es lo tuyo!
En fin... hombress!

4:13 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Vic: Tus comentarios tienen tanta onda como tu sombrerito. Onda total :) Y gracias por el mail.
Mantis: No te pierdas esa novela. Te va a encantar. Ojalá yo pudiera olvidarla por completo y volver a leerla con la fascinación de la primera vez.
Naty: Sin perder la compostura se hacen las revoluciones más profundas. Y sobre tu post, si, algo vi, pero lo escribiste tan redondito que cualquier agregado hubiera sido un exceso.
Ahora voy a tu blog y te expreso mi agradecimiento, mi admiración y mi amor eterno (?).

4:24 p. m.  
Blogger Loyds said...

muy bueno, para sentirse identificado
y con la velvet y los stones nos vamos entendiendo
salu2

7:57 p. m.  
Blogger Naty said...

Estimado Daniel C: yo soy una perra especuladora, salvo con una cosa. Con el amor no se especula, así que retráctese o hágase cargo m´hijo! Ja, gracias incluso por la ironía de tu respuesta!

9:36 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Naty: Mirá que te voy a buscar y vas a tener que hacerte cargo de tus palabras. Más ahora, que tengo los sábados libres :P

7:14 p. m.  
Blogger Amperio said...

¿Sabe una cosa, compañero Daniel? Yo creo que las guerras de tizas siempre están. Son, para expresarlo en términos de cumbiamba, como la cosecha de mujeres: nunca se acaba. Cambian los objetos que se arrojan y cambia la forma de tirarlos pero, en el fondo, todos estamos inmersos, siempre, en una continua guerra de tizas...

9:19 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

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