31.10.06

Ficcional
Al despertar se queda mirando el techo y durante unos instantes intenta recordar en qué país está. Las sábanas de lino egipcio huelen débilmente a lavanda y ve sobre la cómoda de la suite dos botellas de champagne francés sin abrir y un gigantesco ramo de flores con una tarjeta enorme. Toma nota mentalmente: dio órdenes de que no le subieran regalos a la habitación del hotel, así que alguien deberá responder por el descuido.
Empieza a incorporarse mientras recuerda algunos momentos de la noche anterior. La chica con la que durmió y a la que trató bastante mal, la top model de formas perfectas que eligió luego de ver su foto en bikini en la tapa de la edición francesa de Vogue. Mientras se viste recuerda la expresión taciturna de la chica cuando le dijo, a las 3 de la madrugada, que debía marcharse. Luego, el operativo habitual: llamar a seguridad, pedir un auto discreto, sacarla por la puerta trasera del hotel, esquivar a los paparazzi.
Minutos antes había notado con frustración que ese cuerpo perfecto de 19 años se le ofrecía sin reservas y él apenas podía poseerlo. Había tomado las pastillas, seguía con el tratamiento de inyecciones, se hacía aplicar las ampollas de hormonas que le traían de Asia a 7.000 dólares por unidad. Y era una paradoja que mientras los cuerpos jóvenes y perfectos seguían viniendo a él, su propio cuerpo prefería un colchón mullido, sábanas de lino y una buena sesión de masajes antes que la belleza sobrenatural de una top model adolescente.
Camina descalzo sobre la alfombra hasta el pequeño escritorio de la suite. Por los ventanales se ve la playa de Copacabana pero apenas la mira. Observa distraídamente los papeles sobre la mesa: informes de dos juicios contra la ex discográfica que manejan sus abogados desde Londres, una demanda por paternidad desde Suiza y la confirmación de que su contador asentó el último pago por regalías -16 millones y medio de dólares- que serán transferidos a su cuenta personal de Luxemburgo. Levanta el teléfono y marca el número que dice “personal assistant”. Con un gruñido informa que se levantó y corta antes de oír la respuesta. Sabe que su llamado pondrá en marcha una compleja maquinaria que se organiza en torno a sus deseos. En la cocina del hotel comenzarán a prepararle el té de Tailandia que toma desde hace 20 años, los encargados del room service separarán su ejemplar del Times londinense que llegó por vía aérea en la madrugada, su personal trainer tomará el ascensor para presentarse diez minutos después en su puerta, su secretario reunirá la correspondencia del día y los recortes de los diarios brasileños que hablen de la banda (incluyendo traducción de los artículos), en una carpeta le presentarán, impresos en papel celeste, los mails más importantes que recibió en las últimas horas.
Va al baño y comprueba con fastidio que está ojeroso y tiene mal aliento. Es algo peor que eso: tiene aliento a viejo. Hace meses que le viene pidiendo a su equipo de médicos algo para solucionarlo. Le cobran fortunas para mejorar el color de su piel, para filtrarle una vez por año la sangre, para mejorar la elasticidad de los músculos y la fortaleza de sus huesos, y para prevenir la caída del pelo. Pero ese aliento a hombre viejo lo persigue. Piensa que las modelos adolescentes que le piden un beso de lengua perciben, antes que el contacto de sus labios, ese olor a viejo.
Se sienta en un sofá frente a la ventana. Le duele la espalda y las articulaciones de las rodillas. Tiene en la cabeza la primera frase de una canción pero su suite no tiene piano: otro descuido que le hará pagar caro a alguien. Sobre la mesa ratona hay dos libros que está leyendo: la biografía de Mao y un estudio de las letras de Dylan. También, una agenda negra con teléfonos de dealers, actrices porno, prostitutas de lujo y proveedores de los caprichos más bizarros.
Escucha ruidos en el pasillo. Gente que se apura, que habla en voz baja, oye órdenes que se pronuncian en un idioma que desconoce. Imagina su té, sus diarios, su agenda del día, su carpeta de prensa y sus mails privados. Es un día difícil: al anochecer van a dar un concierto para un millón de personas, le duelen las articulaciones, anoche no pudo tener sexo, su aliento agrio lo deprime y no tiene ninguna gana de hacer la teleconferencia prevista para el mediodía, con su equipo de abogados y contadores para organizar las finanzas de la gira.
Golpean débilmente la puerta: dos toques que identifican a su asistente personal. Grita ”yeah”, se levanta del sillón con un suspiro e intenta darse ánimos pensando que esa noche un millón de gargantas van a gritarle “sos lo más grande del mundo, Mick”.


Este domingo a las 21 hs. National Geographic emitirá un especial sobre el concierto de los Stones en Brasil, el mayor en la historia del grupo y uno de los más importantes en los registros del rock. Tal vez el gran Mick empezó así ese día histórico. Ojalá lo haya empezado mejor.

15 Comments:

Blogger Chica eléctrica said...

me gustó

9:03 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

A mí también me gustó. Pero no creo que Mick se siga acostando con adolescentes, para mí ya no tiene ganas. No creo tampoco que le importe su mal aliento. Creo que está más allá del bien y del mal. ¿Existirá?

7:37 a. m.  
Blogger Ruth said...

Que el viejo en cuestión fuera Mick Jagger es el final que menos me hubiera imaginado. Cierto que a lo mejor tengo muy poca imaginación. Pero que semejante fama tiene semejante tonelada de soledad, seguro.

9:59 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Nunca lo pensé desde esa perspectiva.
Genial.-Publicás tus cosas en algún lado?

10:27 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Jade: Gracias.
Ceryle: Varios de los datos que están en el texto son reales. Es la clase de cosas que los medios no publican (el té y el Times cada mañana, su tratamiento en Cuba para depurar la sangre, el trainning como primera actividad de cada día, las teleconferencias con su equipo de asesores) pero que pude chequear en Buenos Aires a través de gente que los atendió en el Hyatt. Y respecto de las top models jovencísimas, el viejo Mick sigue tratando de estar a la altura de su imagen de latin lover, aún a los 63 años. Casi nunca lo logra, claro.
Minerva: Debe ser terrible pasarse toda la vida viviendo como un veinteañero. Sobre todo cuando el cuerpo dejó de acompañarte hace mucho.
Gus: No, esta clase de cosas no las publico. Gracias por el comentario.

11:03 a. m.  
Blogger Amperio said...

El buen Mick debería usar el método Richards. Una buena caída de cabeza de la palmera debería servir -si es que no lo mata- para poner las ideas en su lugar...

1:03 p. m.  
Blogger Loyds said...

no debe ser fácil ser mick jagger aunq x un rato creo no estaría nada mal
salu2

1:37 p. m.  
Blogger Paréntesis said...

un autentico dino, y vivo para alegría de Susana Gimenez!
besos

5:33 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Amper: Mick es tan precavido que seguro baja de la palmera con paracaídas.
Super: Ni hablar. Daría 20 años de mi vida para ser Jagger durante un día. Daría un concierto re-power en el Wembley Stadium, cantaría una versión heavy de "Street fighting man", me voltearía a 5 o 6 top models y tocaría la armónica con Bob Dylan. Después de eso, muero feliz.
Paréntesis: Ojo que la Gimenez es contemporánea de él. Deben andar por la misma edad.

9:30 p. m.  
Blogger Paréntesis said...

si, tal cual. Misma edad, doble de peso...
besos

10:45 p. m.  
Blogger Mantis said...

Al toque lo saqué a Mick. El lino egipcio no es para cualquera.

Le faltó quedarse mirando el poster autografiado de Lenny Kravitz en la pared...

Saludos.

12:57 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

No sé por qué nunca se me ocurre pensar a los ídolos como seres humanos. Supongo que en el fondo lo son. Era mi ídolo en la adolescencia (el otro día), me acuerdo que hasta soñaba con él.

La última persona que me puede dar lástima en éste mundo es Mick J. Fijate que si él tiene problemas para que le funcione el coso (diría mi abuela) con una modelo, como estarán los que tienen a una vieja arrugada y la misma sangre de siempre.

8:44 p. m.  
Blogger lou said...

OIGA!

Usted sigue ahí?

11:26 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Estoy, estoy. Tapado de trabajo pero aún vivo. Mañana o pasado cuelgo algo. Saludos.

12:45 p. m.  
Blogger lou said...

era por saber nomás, no para apurar.
beso

10:14 a. m.  

Publicar un comentario

<< Home

eXTReMe Tracker